Bonito, hecho a medida, funcional, práctico, satisfactorio, cómodo, duradero…
…esta vez no se trata de un sofá, sino de la máquina que lo fabrica: sin duda, una de nuestra nueva familia de moldeadoras RAM Handy.
¿Por qué una sala de estar «cómoda» no puede serlo para todos, desde el usuario final hasta el fabricante que trabaja en ella?
Máquinas de corte impresionantes, pero cargadas sólo parcialmente mientras dan forma a sub-bloques precortados a medida: ésta es la situación común a la mayoría de los departamentos de producción del mundo del salón.
No puede decirse que sea la respuesta más razonada a una producción cada vez más caótica, debida a la multiplicación de modelos según las exigencias estilísticas, de formatos para responder a las necesidades funcionales de los clientes y de materiales para abarcar al mayor número posible de consumidores: las cantidades son ahora la suma de ejemplares únicos debida a combinaciones de variantes, no a la multiplicidad de los mismos modelos. Es una lástima, teniendo en cuenta la oferta de máquinas existente: por eso nos encontramos con máquinas de corte ultrarrápidas, sobre el papel, reducidas a trabajar torpemente con una fracción de su capacidad de corte, a baja velocidad para evitar doblar la cuchilla, o sometiéndola a esfuerzos con el uso de brazos centrales. Parece una escena grotesca, lástima que sea la instantánea actual de la producción en el mundo del salón.
¿Pero tiene que ser un compromiso a toda costa?
Si la torpeza se transformara en agilidad, velocidad sostenida, resultados precisos, cuchillas duraderas, ¿no se conseguiría productividad gracias a la flexibilidad? Añadamos también -por último- la facilidad de carga y descarga, al fin y al cabo se trata de sub-bloques compactos, ¿no? Ahorro de espacio y, en un mundo basado en el diseño, también damos la debida importancia a la estética del producto.
¿Es demasiado? No, es el momento adecuado para confiar en la nueva familia de máquinas RAM Handy: por fin dedicadas a la industria, con las mismas posibilidades que las grandes, sin concesiones.
Así que una sala de estar «cómoda» puede ser precisamente eso para todos, ¡desde el usuario final hasta el fabricante que trabaja en ella!